Durante décadas guardé grabaciones en cintas de VHS con mi propia biblioteca de programas favoritos. Rebobinaba escenas una y otra vez; también conservaba recuerdos de eventos familiares o programas con valor emocional.
Años después entendí que, más allá del entretenimiento, estaba construyendo un archivo que, visto en retrospectiva, dibuja la identidad y trayectoria de las figuras centrales de esas memorias conservadas en video.
Una pausa en mi carrera profesional me llevó a desempolvar una vieja videocasetera, y de ahí surgió esta reflexión.
De la imagen a la identidad
Durante los años noventa, estábamos expuestos a una etapa donde la imagen pública tenía un valor social promovido por los medios tradicionales. Prensa, televisión, radio y eventos presenciales eran escenarios de visibilidad. Había normas no escritas sobre cómo presentarse, cómo hablar, cómo moverse. Y aunque muchos lo interpretaban como superficial, en el fondo respondía a una identidad colectiva.
Desde mi lente geográfico, aquel fenómeno social no era banal. Era una forma de habitar el espacio colectivo y destacarse por virtudes profesionales o de oficio, casi los orígenes de la actual marca personal: reputación, percepción única y proyección individual en los ámbitos profesional y social.
De la identidad a la exposición
En ese contexto aparece la historia de Lorena Vera, creadora de LoVe Designs, protagonista de algunas de mis cintas familiares como aspirante a Reina en la Ciudad Jardín, durante las Ferias de San José. Un evento masivo, un trampolín preciado en el que yo nunca soñé saltar, pero que representaba una oportunidad real para las aspirantes. Aquellas jóvenes no solo buscaban incursionar en el modelaje tradicional, sino establecer su presencia pública, en una época en la que aún no se hablaba de “marca personal”.
Participar en un concurso de belleza local en la Venezuela de los noventa era mucho más que un pasatiempo: era una puerta al mundo del glamour. Mi país, reconocido como “el país de las reinas”, cultivaba la belleza con fervor nacional, y Maracay no era la excepción.
Las jóvenes de 18 años sumergidas en este ambiente soñaban con pasarelas, eventos y escenarios televisados, respaldadas por la disciplina como pilar fundamental. Más allá de la belleza natural, la preparación involucraba un riguroso régimen físico y clases de postura, oratoria, etiqueta y protocolo: herramientas útiles en cualquier ámbito de la vida.
Lorena fue coronada primera finalista en las Ferias de Aragua de 1996, en un evento televisado por Súper Sábado Sensacional. Esa exposición marcó una transición efectiva hacia apariciones televisivas.

De la exposición a la invención
Las aspirantes no eran solo promesas tras el concurso; eran la cantera inmediata de la industria publicitaria. En la Venezuela de finales de los noventa, convertirse en “Chica Minelli” —rostro de una de las marcas de pantalones más populares del país— equivalía a validación comercial y visibilidad nacional. Las campañas de Minelli eran parte del prime time televisivo y tenían un enorme poder de convocatoria: fortalecían la presencia de las modelos frente a marcas, agencias y televisoras.
Ser imagen de Minelli era un punto de inflexión. Detrás de esa etiqueta había un sistema de promoción cultural que convertía a las jóvenes en símbolos aspiracionales, diseñados para conectar con el público femenino y dinamizar la industria de consumo. Lorena, tras su participación en las Ferias de San José, formó parte de esa generación que alcanzó notoriedad gracias a la exposición mediática. Esa visibilidad, cuidadosamente producida, fue su primer contacto con un entorno donde la estética se transformaba en capital simbólico y profesional.

Era natural asistir como invitadas en horario estelar como forma de posicionar la imagen de la marca frente a otras audiencias dentro de un programa referente cultural popular y sello del estatus en el competitivo panorama televisivo venezolano de 1997. En Radio Rochela, El Machazo, se abría una vitrina exclusiva cuya presencia no se limitaba a una habilidad cómica, sino que se valoraba el impacto visual de las invitadas y su capacidad para generar interés como una extensión de campañas comerciales dentro del ámbito del entretenimiento.
En paridad con talento consolidado, cada chica formaba sinergia entre actrices despuntando dentro de telenovelas, figuras mediáticas ganando visibilidad, reinas de otros concursos, todas en el mismo escalón de proyección y networking con productores, directores, otros talentos y estrellas de la televisión y el espectáculo, los “influencers” de la época.
El Machazo se enfrenta a las chicas Minelli | Radio Rochela 1997

Creaciones antes de LoVe Designs
Recuerdo, en primera persona, sus primeros bocetos a mano alzada con figuras femeninas en bikini. Hoy reconozco en esos dibujos una pasión genuina, forjada entre telas, costura y trabajo constante. Su camino no fue lineal ni evidente, pero del modelaje a la moda, de la imagen al diseño se inclinó a un estilo de vida tropical y auténticamente costero, comenzó a confeccionar bikinis con un valor diferenciador: piezas intercambiables en tallas.
Para el año 2000 co-creó Cuyagua Beachwear, una empresa venezolana con tienda física en el Centro Comercial Plaza Las Américas (Caracas), vitrina de referencia en su momento. Posteriormente impulsó Aguasanta Bikinis, una marca pequeña y local que antecedió a su etapa de expansión hacia Centroamérica.
Emigración a Pura Vida
En 2003, Lorena emigró a Jacó, Costa Rica, ciudad costera y epicentro del surf y el bodyboard en el Pacífico Central. Allí nació Bikinis LoVe Designs, una marca que fusiona funcionalidad y estética, diseñada por una deportista que prueba sus propias piezas en condiciones reales del mar.
En una época en que pocas venezolanas emigraban a destinos de ese tipo, Lorena construyó presencia y comunidad a través del boca a boca y el apoyo al deporte local. Fundó el Team LoVe, con atletas de disciplinas como paddle up y triatlón, y amplió su línea hacia prendas de confort para fuera del agua.
Su participación en competencias —como el 4to lugar en Bodyboard Open Femenino (Copa Havaianas, Playa Jacó) y el 2do lugar en Bodyboard Femenino (Copa Quiksilver y Roxy Pro, Santa Teresa)— mapean la evolución de LoVe Designs: una marca anclada en la pasión por el diseño y el mar como parte integral de la vida.
Impacto de Bikinis LoVe Designs
No se mide únicamente por cifras, aunque los hay: más de veinte años de trayectoria, torneos ganados, colaboraciones y una comunidad digital que la sigue desde distintas costas. La consistencia con la que ha mantenido presencia en su entorno demuestra que su verdadero alcance está en el tipo de vínculo que genera. Su nombre es familiar en Jacó, no solo por campañas ni anuncios, pasarelas o eventos locales sino porque su marca se ha tejido dentro de la vida cotidiana del lugar.
Cada bikini que diseña es parte del paisaje: usado por deportistas locales, viajeros frecuentes, mujeres del trópico o visitantes que buscan llevarse un diseño a la medida. Más que una marca, LoVe Designs se ha convertido en una coordenada cultural. Estos elementos construyen un caso de estudio robusto, mostrando cómo la exposición inicial se transformó en trayectoria, marca y propósito.
Desde mi lente
Esta emprendedora representa la aplicación práctica de una lógica geográfica: observar el entorno, identificar patrones y adaptarse con coherencia. Vivir en Jacó no fue una elección aleatoria, sino una consecuencia natural de su conexión con el mar y los deportes acuáticos. Allí estableció su residencia y cimentó Bikinis LoVe Designs, una marca que combina técnica, contexto y sensibilidad.
La geografía no solo estudia sistemas naturales, y el GIS no se limita al análisis de datos espaciales. Ambos comparten algo esencial: la capacidad de leer el entorno y reconocer las relaciones no aparentes. Esa es la parte de mi visión que conecta mi práctica profesional con la sensibilidad emprendedora: entender que el espacio también diseña, y que toda trayectoria, como la de Bikinis LoVe Designs, puede leerse como un mapa.
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